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Paz Eterna

 

 


24 / 06 / 2000 Muere un ídolo, nace una leyenda ....

Rodrigo Bueno podría haber sido una estrella fugaz en el espectáculo argentino. Pero a partir de ayer, a las 3.30 de la madrugada, es una leyenda que está pidiendo el impacto pagano y religioso de los mitos.
La casualidad quiso que el accidente fuese el mismo día que se mató Carlos Gardel, el mito argentino más poderoso. Soslayando lo artístico por motivos obvios, la coincidencia sirve apenas para recordar algunos ingredientes que pueden llegar a ser análogos con los de Rodrigo: el cuidadoso tratamiento de Gardel de su propia imagen hoy puede rotularse como mediática y los dos vieron truncada su carrera en pleno éxito y con proyecciones inesperadas. Claramente, de la trayectoria impecable de Gardel a la ráfaga de Rodrigo hay un abismo más profundo que la distancia que existe entre Medellín y Berazategui. Pero ambos canalizaron fantasías colectivas.
Más de 20.000 admiradores habían pasado al cierre de esta edición por el velatorio del cuartetero cordobés Rodrigo (27), que se realizó en la Municipalidad de Lanús. Idolo de miles jóvenes que frecuentan las bailantas del Gran Buenos Aires, "El Potro" Rodrigo murió en un accidente de tránsito ocurrido a las 3.30 del sábado en la Autopista La Plata—Buenos Aires junto a uno de sus acompañantes, Fernando Olmedo (40), hijo del humorista Alberto Olmedo.


"Me encerró, me encerró", dijo Rodrigo Alejandro Bueno —así se llamaba el cantante— antes de perder el control de su Ford Explorer roja. Eso contó a la Policía Alberto Pereyra (25), que iba en el asiento trasero de la Explorer. Aludía a una camioneta Chevrolet Blazer de vidrios polarizados, que anoche la Policía identificó con videos del puesto de peaje de Hudson. Según testigos, la Blazer se cruzó ante Rodrigo luego de pasar el peaje y causó el accidente. Otras versiones no confirmadas indican que las camionetas venían corriendo y pasándose en la autopista.

Todo ocurrió casi a las 3.30 entre el kilómetro 24,5 y el 25 de la autopista. Rodrigo viajaba hacia Buenos Aires luego de presentarse en el boliche Escándalo, en City Bell. El viernes había grabado una entrevista con Jorge Guinzburg para su programa, La Biblia y el calefón. Luego cenó en el restaurante porteño El Corralón con Pepe Parada, y allí convenció a Olmedo para que lo acompañara a City Bell.

Cuando el recital terminó, Rodrigo se subió a su Ford Explorer para regresar a Buenos Aires. No usaba el cinturón de seguridad. A su lado se sentó su ex esposa, Patricia Pacheco (23), y el hijo de la pareja, Ramiro (4). En el asiento de atrás viajaban Fernando Olmedo, Jorge Moreno (33), diseñador de los discos, y Alberto Pereyra (25), músico.
La camioneta iba por la autopista con dos autos acompañantes. Unos 300 metros adelante, en una Cherokee negra, viajaban José Luis Gozalo, representante de Rodrigo, y Roberto Bertolo, corista de la banda. Detrás de Rodrigo venía una combi Volkswagen con Gustavo Pereyra, presentador de la banda, y dos custodios.

Al parecer, la camioneta de Rodrigo iba por la mano lenta y fue encerrada por la Chevrolet Blazer, que luego aceleró y escapó. La Policía investiga el motivo de esa maniobra. Se sabe que la Explorer chocó con el guardrail, zigzagueó y dio vuelcos en un trayecto de 400 metros. Rodrigo salió despedido de su camioneta y el golpe contra el asfalto lo mató. Fernando Olmedo también fue despedido por la puerta trasera derecha y sobrevivió unos 40 minutos en el hospital de Berazategui. Jorge Moreno, el tercero en caer, se golpeó la cabeza y anoche seguía internado. Los otros tres viajeros de la Explorer fueron dados de alta.

" El dolor de 20.000 personas en un velatorio muy emotivo " (Diario Clarín)

La locura de la gente empezó pasado el mediodía en la municipalidad de Lanús, donde se ubicó el cajón de Rodrigo. El plan de sus familiares era mantener el lugar abierto para los fans hasta las diez de la mañana de hoy. Luego van a inhumarlo en el cementerio de Lanús, pero no podrán cremarlo aún —como era el deseo de su madre— porque faltan hacerle pericias.

Afuera, se instalaron vallas para contener la multitud que llegaría. Cerca de las dos y media llegó la ambulancia que llevaba el cuerpo. Una multitud ya hacía cola a lo largo de una cuadra para entrar al velatorio.

Por fin, el cajón —abierto, con Rodrigo envuelto en telas blancas y la cara golpeada— fue ubicado en el escenario del salón de actos, en el subsuelo de la municipalidad. Un telón rojo lo separaba del resto de la sala y varias sillas con familiares lo rodeaban.


A un costado se acumularon las coronas del presidente Fernando de la Rúa, Roberto Galán, Mirtha Legrand, los gobernadores Carlos Ruckauf y José De la Sota, la familia Maradona y "La Mona" Giménez.

Afuera se juntó tanta gente que las vallas se desbordaron, hubo avalanchas y golpes. A las cuatro empezó a entrar la gente y hubo más problemas: las barandas de la escalera al subsuelo cedieron.

El ritmo era de casi 30 personas por minuto, que bajaban las escaleras, subían al escenario, dejaban su ofrenda —osos de peluche, fotos, banderas, flores de plástico— junto al cajón, y luego eran empujadas afuera entre lágrimas y desmayos.

En la puerta llegó a formarse una cola de cinco cuadras bajo la lluvia. Algunas chicas tenían a sus bebés en brazos. Igual, cantaban "Rodrigo no se va". Parecía la espera para entrar a un recital.


Vendedores ambulantes pasaban entre ellas. Ofrecían vinchas y fotos de Rodrigo acompañadas por flores artificiales rojas o amarillas. En las paredes se veían fotos de Rodrigo y promesas de amor eterno.


A eso de las seis empezó a correr la versión de que se llevaban el cuerpo. La cola se sacudió y aumentaron los desmayos y los llantos. Pero era una falsa alarma.

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